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Factor Humano: Abogados

Jueves, 23 de abril de 2009 Sin comentarios

legalComo escribía en la entrada anterior, hoy, aunque sea con algunos días de retraso, voy a hablar sobre las implicaciones que un abogado tiene que afrontar en el desarrollo de su vida laboral.

Yo como informático, me enfrento a requerimientos de usuarios/clientes que piden modificaciones/adaptaciones de programas. Un abogado, se enfrenta con sus tareas, pero… ¿Y si esas tareas implican hacer algo que en tu conciencia no tiene cabida? ¿Cómo puedes, por ejemplo, defender a una persona acusada de violar a 5 mujeres? ¿A un terrorista? ¿A un padre/madre de familia que ha matado a sus hijos?.

Para recabar información, me he servido de la ayuda de un amigo abogado, compañero de afición, al que le he trasladado el tema en cuestión para que él, mucho más entendido en el caso que yo, pueda ayudarme. Esta persona, cuyo nombre no voy a dar, llamémosla “Pedro”, me dijo que esta misma cuestión suscita encendidos debates, en casi todos los círculos.

Como casi todo el mundo sabe, en el estado de derecho que nos ampara actualmente la Constitución, tenemos como derecho fundamental el de la defensa. Esto implica que todos tenemos derecho a ser defendidos. Para un abogado, su código deontológico le obliga a defender el interés de su cliente con plena diligencia. Pero también al abogado le ampara “la libertad de elección al letrado”, es decir, que un abogado puede aceptar o rechazar la defensa de un caso sin necesidad de argumentar la decisión. Por lo tanto, el abogado que permanece en un caso, por muy repugnante o despreciable que sea éste o el cliente, lo hace por decisión propia.

Pedro me comenta también que “la causa de abandono” no suele ser la gravedad o repugnancia del supuesto delito o delincuente, sino la quiebra de la confianza entre abogado/cliente, el “creer o no creer”. El abogado, por lo general, prefiere a un hijo de puta sincero, que a un “inocente” mentiroso, porque al primero lo podrá defender con más garantías y al segundo no.

Otro punto importante que me resalta Pedro es que “se defiende el interés o intereses”. Según él, la clave está en no implicarse a nivel personal, algo que muchos abogados no consiguen. Se tiene que defender el interés de la persona, y como consecuencia a la persona, aunque sea un violador sin escrúpulos. Por lo tanto, el abogado asume el rol de defensor del interés, incluso de una situación de partida que es, en apariencia, sancionable penalmente.

También me comenta que “Un abogado no debe entrar a juzgar la culpabilidad del cliente o no, sino que debe ceñirse a los hechos para establecer la mejor defensa posible (de sus intereses) con los datos que el cliente le facilita, con los textos legales en vigor y  la jurisprudencia existente”. Y sentencia: “El abogado que juzga a la persona, a su cliente, no dura mucho como abogado”

Todo esto es tal y como lo pondría en un libro de texto, en un manual del prefecto abogado, pero Pedro también me reconoce que “la realidad no es tan sencilla ni aséptica”.  Si bien cualquier caso puede reducirse a una toma de datos y a la ejecución de los correspondiente pasos procesales, que desde fuera parecen un ejercicio frío y alejado de todo sentimiento, el abogado  vive situaciones duras a lo largo de todo el proceso (tanto penal como laboral): contacto directo o indirecto con las víctimas, familias o amigos,  presión de su entorno, familiar y de medios, dudas personales de si la minuta (y la Constitución), justifica amparar situaciones “vomitivas”

En general, aunque la apariencia es que los abogados intentan mantenerse “por encima” de la realidad de los casos que representan, el contacto con estas situaciones deja una huella profunda, que muchos no consiguen asumir como forma de vida y tiran la toalla. Pedro me comenta que conoce compañeros abogados que han terminado renunciando a la abogacía tras someterse a alguna situación límite. También es cierto que muchos aprenden a convivir con la miseria humana y van perdiendo sensibilidad. Todo tiene un precio.

Pedro termina diciéndome: “En lo personal, te puedo decir que es desazonador saber que se está defendiendo una situación injusta, por mucho que te paguen. Y que lo contrario, defender a alguien acusado injustamente de un delito, produce una tremenda satisfacción, porque a pesar de las apariencias, hasta los abogados tienen conciencia”,

Muchas veces vemos en televisión casos en los que decimos ¿cómo se puede defender a esa persona? ¿Cómo puede haber un abogado capaz? Y no nos paramos a pensar que todos tenemos, para bien o para mal, derecho a la defensa.

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Gracias a “Pedro”, que seguro leerá esta entrada, por la ayuda que me ha prestado.

Un saludo, la próxima: Periodistas.